Sólo para personas de elevada estatura
Me deslicé frente al enorme frigorífico de los refrescos en el supermercado y me detuve en él. Soy un hombre tranquilo, no quiero correr riesgos innecesarios, ya no soy un chiquillo, me he llevado demasiadas decepciones, no quiero problemas, sólo quiero tomar mi lata de Fanta de limón y marcharme, ¿vale? ¡Demonios!
Afuera llueve, apenas se ve la carretera. Si hubiera aprovechado aquella oportunidad...pero ya es tarde, fui un estúpido. ¡Oh, rayos! La carretera está tan llena de barro que mi viejo Cadillac Panda derrapa y se queda atrapado en un lodazal. Procuro relajarme, abro mi Fanta y un chorro al rojo vivo me ciega. ¡Maldita sea! 
Miro el retrato de mi Eusebia, a la que todos llamábamos Lindsey. A pesar de ser tan alto, casi un metro noventa, aun no tengo respuestas para todo. ¿Recuerdas cuando me preguntaste a qué sabía el Gatorade? Es una larga historia. Me quedo pensando. Ya estoy harto de huír. Tomo una determinación, intento no llorar.¡Dios, es tan difícil! Marco desde Pittsburg el número de información. ¡Dios! ¿Cómo puedo haber olvidado el prefijo de Orihuela? Dos señales, puede que no haya nadie...Tres... Una voz femenina en el auricular. ¿Hola? ¿El señor Márquez Temperán? Sí, estoy decidido. Quiero cortarme un joyaq.
