Ramón
Para algunos, Ramón por antonomasia es Ramón Gómez de la Serna. Dejándonos de pedanterías y descendiendo al nivel de esa España nuestra, cuya mitad de su población confiesa no haber leído nunca un libro (añádase otra mitad de embusteros y se obtendrá el porcentaje real de masa gris en activo de este triste país), Ramón por antonomasia es quizá Ramón García, pero lo fue en tiempos de feliz recordación el insigne Ramón Sánchez Ocaña, el ídolo de mi infancia.
¡Qué arte tenía ese señor para hablar del colesterol, de los vasos urinarios obstruidos, de la ciática, del puerperio, la astenia, la salmonelosis, la enuresis, el cáncer de útero y la gonorrea! ¡Qué espectáculo aquella cohorte de doctores licenciados durante el asalto de las tropas nacionales a la Ciudad Universitaria hablando una lengua extraña que el gran Ramón nos traducía a través de su cálido y amable discurso!
Y no era médico, pero todos soñábamos con tener un médico como él, que hablaba de las más mortífera patología como si fuera curable con sólo tomar un par de vasos de agua con limón.
Yo sentía adoración también por aquel hombrecillo de dibujos animados - Don Preve- que ejemplificaba - el pobre- los síntomas de todas las enfermedades descritas en el programa.
Felices tiempos aquellos en que uno se iba a la cama después de haber aprendido a cocinar con Elena Santoja y algo de salud con el "Más vale prevenir" de Ramón. Ese hombre hizo que el médico fuera para mí un sujeto fascinante y las farmacias los templos donde se alojaban algunas de mis obras literarias favoritas: aquella críptica poesía griega llamada prospecto, alojada con cada medicamento. la cazurrería española ha arruinado esa bellísima poesía oracular haciéndola más accesible al analfabeto medio y sustituyendo, verbigratia, la deliciosa entrada "efectos secundarios" - que ha servido para bautizar algunos grupos punkis y era una de mis favoritas- por la más garrula "qué puede pasarme si tomo esto".
Invadidos por la tontuna rosa -no se confunda con la pantera del mismo apellido-, ya no queda sitio para hombres como Ramón en la caliente y grasienta parrilla televisiva actual. Esperando la venida de la siguiente edad de oro, aguardamos tu regreso, Ramón.

uno del barrio dijo
Jejeje... No sé si os habeis percatado, pero...
Rámon Sánchez Ocaña es clavado a Ramón Luis Valcárcel
Entre Ramones anda el juego.Hey ho, Lets go!
15 Junio 2006 | 06:20 PM