Se suele decir que Jólibud es la caverna donde se esconde todo el rojerío disoluto yankee, la que, en palabras de Homer Simpson, "corrompe la moral de nuestros hijos". Tras ver el trailer de la última ración de estiercol fílmico "ya en los mejores cines", Turistas(Hotswap.com), me cuesta creer en la veracidad de este aserto.
Sí, amiguitos, nos encontramos con el clásico flim donde un grupúsculo de guapísimos protozoos mentales ven como sus vacaciones de ensueño americano acaban convertidas en una pesadilla. Cualquiera que haya visitado Benidorm o Andorra con la familia sabe de lo que estoy hablando.
Lo ofensivo no es la originalidad y brillantez de su planteamiento y ejecución, sino esa asquerosa moralina yankee que impregna toda la película como si fuera uno de esos ultramodernos desodorantes de acción veinticuatro horas. Por lo pronto, el falso paraíso es Brasil, país de costumbres relajadas y moral distraída, donde la lujuria, el vicio y el Partido de los Trabajadores campan por sus respetos y donde hasta hay obispos que reparten preservativos en sus homilías. Debajo de todas esas sonrisitas y esos cuerpos de infarto se esconde el mal en estado puro y los chavales, después de ser desvalijados como los paletos turistas yankees que son y comprobar que, a pesar de venir del mejor país del mundo, nadie está dispuesto a sacarles las castañas del fuego ni habla su puta lengua, acaban en una casa del horror.
La primera pregunta que me viene a la mente es por qué se retrata Brasil como si fuera Afganistán (no es cien por cien rural ni mucho menos ni todo el mundo es hostil ni analfabeto por el hecho de no hablar inglés). Los conocimientos de geografía de los estudios de producción yankees dejan como siempre mucho espacio a la creatividad y en sus bibliotecas personales. Otra cosa que me pregunto es por qué estos muchachotes tan de college no se plantearon aprender algunas nociones básicas de portugués o español o llevar algún manual de viaje. Lo de la casa del horror, que en absoluto está inspirado en memeces como Host (ruidosas carcajadas) recuerda más al setentero Pasaje del terror de la feria de septiembre que a una auténtica mansión de la tortura como castigo por la degeneración moral.
Por supuesto, el refinado y retorcido sádico, suele tener las mismas motivaciones que el Doctor X de Action Man para robar el Polo Norte: ninguna. Dentro de la filosofía penal neoliberal-conservadora yankee, el que comete un crimen no obedece a ningún patrón de injusticia social, sino al mal, a Satán. Lo que justifica que no exista ningún plan nacional de salud pública y muchas cárceles y sillas eléctricas para negros e hispanos a pleno rendimiento. No es el capitalismo, es el mal.
La galería de horrores, por cierto, decepcionará a muchos aficionados al sadomaso, al satanismo, a la estética Heavy Metal o a los Teletubbies. Nada de torturas modernas (aislamiento sensorial, interrogatorios de Guantánamo, de la CIA o de Abu Graib), histórico-surrealistas (gota malaya, cosquillas en los pies, virgen de Nürenberg) o devastadoras (Georgie Dann, Fraga cantando rock duro, impresos de Hacienda, Belén Estebán, clase de matemáticas en un curso de diversificación, marujas en rebajas, mormones, Los Fruitis, cumbres bilaterales con el gobierno polaco,Televisión Española). Todo se reduce a la asfixia ocasional y a las artes del charcutero. Todo aquel que haya trabjado en una carnicería o para el gremio hostelero sufrirá por toda esa sangre que no salta de los azulejos por más que frotes.
En un momento que recuerda a El mago de Oz (perdón, Judy Garland) una deestas primas exclama su deseo de regresar a casa cuando se encuentra inmovilizada en mitad de una mesa de operaciones (como es yankee, le aterra la posible factura médica posterior). Eso desea todo aquel que se encuentra en el cine ante este bodrio estival. Y si no lo desea, debiera pasar por alguno de los suplicios surrealistas o devastadores sugeridos.

PUES SI..CIERTO