Biro Gergö, seguro que lo has visto antes en algún envoltorio de mantequilla
Los húngaros lo tienen todo al revés: una lengua extraña que no se parece ni a sí misma, una protoescritura magiar anterior al alfabeto latino que se escribe en sentido opuesto, la costumbre de colocar enfrente del nombre el apellido, unos bohemios progres que son de derechas y unos elefantes rancios dentro de la izquierda, una obsesión con la I Guerra Mundial (perdieron en esta una buena parte de su territorio) que rebasa cualquier trauma adquirido en la Segunda, un pueblo simpático y alegre que se ve como hosco y taciturno, unas ciudades horribles que son percibidas como insuperables y una capital, joya de la arquitectura occidental, observada con recrelo y desprecio ( el centralismo húngaro y la mala hostia y el buitreo de Budapest no ayudan mucho) y una curiosa costumbre consistente en ponerle música a todos los sonidos funcionales: alarmas, llamadas, timbres, todo tiene su musiquilla. La música húngara, construida con aportes cíngaros (gitanos, como los de La Fama, pero más folclóricos) y asiáticos, es única en su especie. Sus escalas, como la de tonos enteros o la pentatónica, descubierta por Bartok Bela (Bela Bartok entre nosotros), constituye uno de los tesoros musicales más fascinantes de Europa. Después de esta frase digna de una guía turística, expongo el motivo de todo este exordio, que no es otro que el de glosar a otro nene prodigio de Europa del Este.
No alcanzo a entender porque en esta zona del mundo hay tanto chiquillo metido en el mundo de la música en plan serio (esto es, cobrando). Este chiquillo, de voz basta, potente y garrulilla, con pinta de cateto bien educado y vestido de forma no muy distinta a la de nuestros folclóricos huertanos, ejecuta una excelente muestra de musica tradicional húngara, cuyo ritmo es sencillamente fascinante. La versión "Locomía" junto al inefable y hortera grupo Nox (la única y excelente cantante de música tadicional húngara que conocí, era lamentablemente, admiradora de Nox) aportará esa dosis imprescindible de bizarría y surrealismo que impregna todos los artículos de esta bitácora de mierda (se me escapó).

Maërandor dijo
Por qué no me sorprendo cuando cerca del minuto veinticinco segundos grita de repente "ACHAAA!"...
17 Junio 2008 | 09:58 AM